sábado, 12 de octubre de 2013

LA ILUMINACIÓN DE LAS CIUDADES EUROPEAS:

     Las ciudades europeas de la Edad Media y la Edad Moderna no sólo eran sucias y malolientes, sino también oscuras. Ésto se debe a la falta de un sistema de alumbrado público, al apretujamiento de las casas, de manera que se daban sombra unas a otras, y al crecimiento en altura de los pisos a menudo en voladizo, por lo que la vía pública se convertía en un túnel lóbrego.
A pesar de todo, a partir del siglo XVI se ensancharon las calles principales para permitir el paso de carrozas y se aplicaron nuevos conceptos arquitectónicos y urbanísticos para tratar de imponer a la incoherencia de la trama urbana medieval unas calles rectilíneas para dar profundidad y perspectiva.
El siglo XVIII fue el de la lucha contra las tinieblas en las ciudades. La luz comenzó a democratizarse un poco en las ciudades, a cobrar la cualidad de bien público y a perder su carácter tradicional de bien de lujo que sólo podían permitirse en abundancia los ricos. En París había 2.746 farolas públicas en 1.697, pero ya había casi 7.000 en 1.766. Luego, en 1.817 llegó a París la iluminación de gas, que ya había sido introducida en Londres cuatro años antes.

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